viernes, 29 de septiembre de 2017

TIENE MAGIA, QUIJOTES Y BRUJERÍA

pOR:
Marco Antonio Valencia


Todo el mundo lo sabe, pero tan solo unos  pocos lo disfrutan. Popayán tiene una magia impresionante. Si caminas por sus calles después de las cinco de la tarde con los ojos abiertos, la escucha atenta y el alma lista para los milagros, te vas a erizar hasta los huesos.
En Popayán no se camina rápido. Aquí es otro ritmo, hay que caminar respirando hondo y dejándose seducir por las palabras que a veces vienen cargadas de historia, otras de oraciones que salen de sus templos, las más de las veces con la risa de los amigos y el aroma del café que sale de los bares con nombres inconfundibles.
Y los quijotes se reproducen como pájaros o palomas. Gestores culturales que se inventan de todo para hacer felices a los demás, así no tengan dinero ni máquinas ni burocracia ni oficina ni equipos ni contratos ni sueldo…
Gestores culturales que a puro pulso e imaginación cada día anuncian la realización de festivales de cine, teatro, cuentería, poesía, música, chirimía, tríos, historia, literatura, patrimonio, cofradías, gastronomía, encuentros empresariales, profesionales, etc. Pero además, por los auditorios de la ciudad y las universidades se hacen a diario congresos por la paz, la salud, la educación, el agua, la naturaleza, la ecología, la pobreza, el hambre, la infancia… para medirle el pulso al espíritu y la inteligencia de la gente de todas partes.
En fin. En Popayán ya no sorprende ver desfilar un mundo de gente venidas de otros mundos hablando otros idiomas, para conocer y apreciar el milagro de los quijotes… y participar como escuderos de las causas vibrantes, el conocimiento y las estéticas que dan goce al intelecto y el espíritu.  
Esta semana, por no ir muy lejos en la Noche de los Museos (evento que si es organizado por la Alcaldía), todos los centros de memoria que tenemos en la ciudad abrieron sus puertas el viernes en la noche. Y se los juro por Dios que habían colas de cientos de personas esperando poder ingresar a cada uno de esos museos: yo lo vi con mis propios ojos. Fue genial e impresionante. Y los comerciantes de artesanías y comidas típicas durante todo un día pusieron sus tiendas en las calles del sector histórico para regalarnos esos elementos que nos llenan de identidad, amor patrio y cultura cívica a propios y extraños.
Pero hay más: un grupo de soñadores que desde hace dieciocho años se inventaron un encuentro internacional de cuentería llenaron el teatro Valencia por tres noches consecutivas hasta el gallinero sin importar las lluvias de octubre que ya nos invaden. Y en el barrio Valencia, otro grupo de jóvenes soñadores cansados de pedir prestado un teatro para sus presentaciones, decidieron inaugurar  una sala alternativa de teatro llamada Teatropolis para las artes y la gente. Y el miércoles, en el mismo teatro Valencia se declaró a Popayán, como capital mundial de la poesía con la participación de más de doscientos lectores y la asistencia de más de mil personas en una lectura de doce horas.  Y el parque de Caldas miles de personas se concentraron en una jornada lúdica cultural de medio día para pedir la paz y la firma de los acuerdos ya.
Pero sigo: esta misma semana, más de un centenar de ciudadanos se reunieron en el parque central para honrar la memoria del Sabio Caldas con chirimía, una Ley de Próceres para honrar la memoria y legado de nuestros héroes más amados.  Y el artista plástico Leonardo Huertas expuso un libro mural que llama Catarsis para la memoria (ilustraciones sobre el conflicto armado en Colombia).  Y en el auditorio del Banco de la República se presentó un libro de Juan José Bonilla mientras que en el salón Fundadores de Unicauca un grupo de estudiantes publicaron un libro para recordar las víctimas de los falsos positivos. Y el jueves Coomeva presentó para sus afiliados una obra de teatro de talla internacional con música en vivo que llenó el auditorio y me dejó contento el corazón. Y el viernes, en los pasillos que dan a la calle en el auditorio del banco de la República había una sinfónica en vivo con más de cincuenta músicos deleitando a los transeúntes…  Y la semana que viene, hay festival de cine corto con más de sesenta películas con artistas y autores que se pasearán por Popayán.
Y que no digan que aquí no hay quijotes. Porque con todo esto que les cuento, su espíritu vibra, se siente, se percibe en cada evento que la gente realiza.
Todos eventos se realizaron sin tener Secretaria de Cultura (existen coordinaciones de cultura), ni Fondo Mixto, ni grandes patrocinadores, y estoy seguro que fueron organizados con presupuestos estatales pírricos. Eventos que, salvo la noche de Museos, proyecto de la alcaldía,  se realizaron sin la asistencia de las autoridades a inaugurar o clausurar, sin discursos de políticos ni nada que se le parezca. Eventos de la gente, de quijotes, de un poco de jovencitos apropiándose de la ciudad, liderando sus sueños.  Y eso, emociona, emociona mucho.



lunes, 25 de septiembre de 2017

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE


POR: MARCO ANTONIO VALENCIA


Se murió Fidel Castro. Lo mató el implacable paso del tiempo, que todo se lleva, que todo arrastra. Murió horas después de la firma de paz en Colombia entre la Farc y el gobierno Colombiano, justamente esa guerrilla nacida e inspirada en las aventuras del Comandante Castro.
Fue un mito de la revolución, un símbolo de la resistencia frente al imperialismo y el capitalismo que Estados Unidos quiso imponer en el mundo. Supo como nadie el valor del nacionalismo y creo un discurso  alrededor de esa palabra para motivar la dignidad y la unión de los cubanos y así logró que muchos de ellos lo acompañaran en una gesta que duró toda su vida. Y no fueron pocos los  latinos y cubanos de su generación, que se comprometieron con él en busca de dos panaceas: libertad política y  crecimiento económico. Luego fue señalado justamente de mantener un régimen restringido en lo político y económico para sostenerse en el poder y poder vender la ilusión de la revolución en otros países.
Carlos Puebla, escribió una canción que todavía se escucha en los campamentos guerrilleros, las tertulias universitarias y en los bares cubanos para recrear turistas: “se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”, una loa musical que ayudó a propagar y enamorar de la filosofía revolucionaria a muchos latinos; e hizo creer que la revolución acabaría con los derroches de los ricos y habría mejor vida para los pobres.
Gracias a Fidel, se hizo el lobby internacional para conseguir el premio Nobel de Literatura de Gabriel García Márquez y se logró que Hugo Chávez hiciera una revolución impensada en un país capitalista y petrolero como Venezuela, y sus discursos alimentaron la mentalidad de los guerrilleros colombianos que han buscado la revolución por las armas soñando hacer en Colombia lo que se hizo en Cuba.
Se murió Fidel, y como pasa en los funerales de los políticos, unos lloran su ausencia y ya  comienzan  a tallar la estatua de un héroe en busca de preservar su pensamiento como legado para las nuevas generaciones; mientras otros comienzan celebrar  ya porque fueron víctimas o contrarios a su pensamiento.
Se murió Fidel, un hombre carismático, que logró hacer en política lo que pocos: que sus seguidores fueran fieles y  leales a pesar del hambre al que los llevó su apuesta política o el régimen militar que les tocó imponer para sostener la caña del juego ideológico en el que se sumergieron. Un hombre al que incluso sus enemigos le han sido fieles en su odio y rencor hasta el final, y hoy mismo, cuando anunciaron su muerte, salieron a gritar y bailar con una bandera cubana entre sus manos como si hubieran ganado un partido de fútbol.
Como sea, amigos y enemigos no pueden desconocer que ha muerto un ser carismático, excepcional, con “madera de héroe”, como dicen, y que para bien o para mal, fue protagonista de la historia universal e hizo visible una palabra clave en política “dignidad”.
No conocí a Fidel, sus políticas no me han interesado, pero si he admirado a un ser humano con sus virtudes de liderazgo, su claridad mental para consolidar su apuesta política, su capacidad de oratoria, su instinto político, su fuerza para soñar; pero sobre todo la perseverancia física, mental y espiritual que lo llevó a convertirse en sacerdote político del continente, y acaso del mundo.
Líderes como Fidel Castro ya no hay, ya no vienen, ya no existen, ya no son posibles en esa dimensión.
Fue un hombre que respondió a las demandas de su tiempo, a las claves políticas del mundo que le tocó vivir, y que incluso fue capaz de construir -a contraviento y marea-, un mundo para sí  mismo, y sabiendo lo que pasaría con su legado, dejó escritas las líneas claves con las que se habrán de escribir su historia, narrar sus aventuras, evaluar su legado, y acaso: “absolver sus errores”.





EL PROBLEMA DEL INDIO EN EL CAUCA

EL PROBLEMA DEL INDIO  O  DE CÓMO VOLVERLOS A ENGAÑAR
MARCO ANTONIO VALENCIA
“El problema del indio” titula un ensayo de José Carlos Mariátegui, donde nos cuenta que los problemas sociales, económicos y políticos del indígena van de la mano con el descrédito de las voces que narran la historia oficial al reducir sus movilizaciones al problema de la tenencia de la tierra, y pueda que tenga razón, pero es que las formas de hacer reclamo de los indígenas no generan solidaridad y por el contrario son guerreristas y desafortunadas.
Por ejemplo, las movilizaciones indígenas que se dan hoy en el Cauca (en alianza con los campesinos) en contra la minería extractiva, la pobreza que genera el abandono estatal, la falta de vías, las agresiones de las que son víctimas por parte de grupos armados, y los incumplimientos del gobierno nacional de los acuerdos pactados con la Cumbre Nacional Agraria… son justas, pero la manera de reclamarlas no lo son.
Para ser específicos: La concentración de los marchantes al sur y norte de la carretera Panamericana de Popayán para taponar esta vía e impedir la movilidad vulnerando los derechos del resto de colombianos, y de paso secuestrar literalmente a toda una ciudad, es una acción grotesca y equivocada.
Los indígenas para hacer sus reclamos –que nadie duda son justos-, con “tareas de guerra” contra Popayán y sus habitantes están desconociendo la constitución nacional, la justicia colombiana y desafiando a la fuerza pública. Y esa forma de reclamar no podrá nunca tener un respaldo social porque es una lucha individualista y étnica, que desconoce al otro, al vecino.
En otras palabras, al conflicto tradicional por la vida y la tierra ahora hay que agregarle una confrontación ideológica entre mestizos e indios que viven en el mismo Cauca, cada uno pensando en defender sus derechos individuales; porque la política de los indígenas en vez de apelar a la solidaridad del resto de los caucanos, lo que ha hecho es desafiar y convertir en enemigo a todos los que no viven en sus resguardos.
Un conflicto de confrontación racial que creíamos superado históricamente sigue latente aunque no queramos; y todo se da porque los líderes de las marchas desoyen los reclamos de los payaneses o equivocadamente buscan victimizar al resto de los ciudadanos en sus luchas, como si cada quien no tuviera sus propios dramas.
Otro problema más grave aún, es que a los indígenas se les sigue viendo desde el gobierno nacional como hermanitos menores de la sociedad y se les sigue engañando con espejitos como en tiempos de la conquista y eso tiene que cambiar; para la muestra, las más de veinte promesas que el gobierno nacional les ha firmado en el Cauca para que abandonen sus movilizaciones sociales a lo largo de los últimos años, y de cumplirles nada, poco, o a medias.
Es como un ritual: los indígenas salen a marchar, y para exasperar los ánimos y visibilizar sus demandas en la televisión taponan la vía Panamericana y se enfrentan a la policía, entonces, viene un ministro les firma una promesa en nombre del gobierno nacional, y todo vuelve a la normalidad; luego los indígenas se dan cuenta que ese papel no sirve, y entonces, otra vez vuelven a marchar, y se les vuelve a firmar otro papel, y así parece que será hasta el infinito como en un cuento de Borges de laberintos y espejos.
Hoy mismo, Popayán esa sitiada y hay cinco ministros firmándoles papelitos a los indígenas para salir del apuro en la vereda la María entre Popayán y Cali, donde los marchantes han taponado la vía, en un sainete que no favorece al Cauca y fractura cada vez más nuestra sociedad. Y como prueba que esas acciones alimentan una guerra de etnias, ayer mismo un grupo de payaneses salieron a marchar por el Parque de Caldas con la consigna “nosotros también tenemos derechos, no al taponamiento de la Panamericana”.
Los políticos tienen que escuchar a los teóricos de “la sociología política y gobernanza” para encarar este problema en el siglo XXI de otra manera. Pero así mismo los indígenas deben replantear sus luchas por la vida y por la tierra en un escenario que logre la solidaridad y el apoyo del resto de los colombianos y no genere la rabia ciudadana cuando ser víctimas de sus acciones.






martes, 19 de septiembre de 2017

BORGES PARA NEOFITOS

(Borges murió el 14 de junio  de 1986)


MARCO ANTONIO VALENCIA


-Hay dos Borges: el que escribió poemas, cuentos y ensayos; y el otro: el que escribió prólogos, conferencias y reseñas.
-La fórmula de la poética de Borges es una receta sencilla, lo dijo él mismo: el sueño, los mitos y las fábulas, bien aderezadas con abstracciones intelectuales.
-Los poemas de Borges son reflexiones sobre la condición humana desde palabras repetidas a lo largo de su obra: el tiempo, la vida, los espejos, el río, la noche, el tigre.
-En sus poemas es consecuente: siempre evocando el tiempo, los amigos y escritores que ya pasaron a otra vida. Puras nostalgias y elegías.
-Bueno: el tiempo, la soledad y la muerte, eran también preocupaciones recurrentes en su obra.
-Llevó hasta límites insospechados el uso de la metáfora, como recurso literario en su poesía.
-Sin duda el “Poema de los dones”, es el que más me gusta y es seguro el más difundido de su obra. Allí está expuesta la ironía de la vida: un gran lector como Borges, director de biblioteca, escritor por demás, se queda ciego y es privado de lo que más le gusta. Y con la sabiduría de los viejos nos dice que la vida es un sueño y a todos nos llega el olvido.
-Su literatura intentaba acercarse a los misterios del universo, y él mismo afirmaba que el lenguaje y la escritura no le alcanzaban para contar lo que quería contar.
-Sin duda, en Borges confluía inteligencia e imaginación.
-No recuerdo donde lo leí, pero alguien dijo que lo de Borges era explorar y generar para sí mismo y para el lector el asombro. 
-Retomó la historia, la literatura, la religión, e incluso la filosofía, para inventar. Hoy en día hay muchos “borgianos” escritores que lo imitan ya sea en sus formas o en sus temas.
-En esa medida dio un gran mensaje a los nuevos escritores: hay que leer, hay que saber, hay que enterarse, hay que conocer, porque no basta con querer escribir.
-Confluía en su personalidad un lector y un escritor, dando como resultado a un intelectual.
-Sin duda sus cuentos y ensayos dejan ver la influencia de esas lecturas en su obra. Lecturas  que alimentaron sus reflexiones sobre el tiempo, la eternidad, el infinito, la identidad.
-“Las ruinas circulares”, ese cuento donde un hombre  sueña que consuela a otro, hasta que se da cuenta que él también está siendo soñado, es maravilloso.
-“En Funes el memorioso”, donde se cuenta la historia de un hombre que se cae de un caballo y se despierta con una memoria portentosa, es mi preferido. Funes es un hombre capaz de recordarlo todo pero incapaz de pensar nada.
-“Ulrica”, es el único cuento de amor que escribió Borges; y allí cuenta el encuentro de la danesa Ulrica con el payanes Javier Otálora, donde el amor se hace posible, incluso en los sueños.
-“La casa de Asterión”, es la historia del minotauro que vive en el Laberinto de Creta, y cuenta cómo la imaginación puede salvar de la locura a una persona, mientras llega la muerte, la única que libera de verdad.
-Son cuentos alegóricos de un universo absurdo.
-En su libro “Otras Inquisiciones”, llega a afirmar que un hecho estético es la inminencia de una revelación que no se produce, y allí su virtud, su encanto, su secreto.
-Borges era un genio para titular sus obras:  “artificios”, “ficciones”, “Inquisiciones”, “discusiones”, “historia de la noche”, “historia de la eternidad”, “historia universal de la infamia”, “elogio de la sombra”, “la otra muerte”.
 -Verdaderos juegos intelectuales, diría yo. Así como sus frases célebres.
-La frase que más recuerdo de Borges: “La duda es uno de los nombres de la inteligencia”.
-Y a mí, la que más me gusta y me puso a leer sobre ateísmo: “El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto”.
-Borges murió el 14 de junio  de 1986.
-Los escritores como Jorge Luis Borges siguen vivos.  Los únicos escritores que mueren son los incapaces de responder a su destino escondidos en su pereza, los que hablan mucho y no escriben nada.




lunes, 18 de septiembre de 2017

EL MISTERIOSO SECRETO DE LAS PROCESIONES

Marco Antonio Valencia Calle
Escritor - poeta

obra de Adolfo Torres
Las procesiones de la semana santa son ecos sutiles de rituales frágiles que conectan al hombre con circunstancias incomprendidas de otros tiempos. Huellas irrepetibles donde un hombre tembloroso quiso entender los misterios percibidos en la noche mirando algo extraño vibrando en el cielo.
Cada procesión a la que asistimos nos permite captar elementos distintos de su naturaleza indeleble, y el sentimiento que nos asiste frente a ella. Un sentimiento que parece el mismo, pero que en realidad es distinto cada año. Es como un poema que se va gestando en un nuestro espíritu, en el ser que nos habita en la inquietante lucidez de la  infancia recuperada.
Cada año descubrimos en ella un detalle nuevo, un gesto desconocido, un movimiento sutil, un acorde musical que ya habíamos escuchado pero no habíamos detallado, por estar ensimismados en toda esa orgía de silencios, olores, visiones, imaginarios, susurros, acordes y liturgias que se despliegan al mismo tiempo, en el mismo instante, y que hacen de cada noche una obra de arte  viva e irrepetible.
En semana santa hay que dejarse fluir a través del momento, la solemnidad del rito y el asombro de saber que se está vivenciando algo tan misterioso como el vuelo de un colibrí, o el alma puesta sobre el silencio en medio de la nada cuando las flores cubren lo que no somos.
Cada noche, es como un eterno poema en construcción que obliga a estar dispuesto a leerlo una y otra vez desplegando todos nuestros sentidos, silabeando versos y rimas, con nuestra atención puesta en significados dispares. Concentrados. Muy concentrados.
Las procesiones de semana santa son un misterio que hay que vivenciar como la escritura de un poema sin saber a ciencia cierta por qué lo hacemos, para qué sirve. La semana santa, al igual que un poema, es una fracción de tiempo vivido que implica -y no necesariamente justifica- la presencia de un Ser al otro lado del cielo, pero sin saber si las plegarias serán atendidas.
Dejar de participar en las procesiones de una semana santa, es dejar de hacer un poema. En Popayán por eso es que todos somos poetas, sin excepción. En Popayán, todos quienes amamos a la madre patria sin hipocresías, participamos con devoción, sin dudas, sin sospechas, sin preguntas, en algo que nace de nuestras entrañas y nos hace diferentes, únicos. Es un mandato intrauterino que nos saca de la comodidad del hogar para llevarnos al silencio místico del poema cada noche, cada día. Es una cita con la tradición, el asombro, la oración y el misterio. Y como si una voz interna nos señalara el camino participamos de las procesiones una y otra vez, con la convicción férrea de saber que siempre es lo mismo pero cada año será distinto.
Un poema es un juego con la luna, con el silencio, con la noche, con el amor. Así son las procesiones de semana santa: un juego con la con la música sacra y una tradición que  impresiona hasta hacernos temblar de miedo o alegrías muy íntimas. Una energía majestuosa, que si uno logra vivenciar en sus adentros le rompe las fibras, le recobra el eco de los minutos perdidos en el pecho. Es cuestión de voluntad saber entender, querer saber, intentar vivenciar.
Para un carguero participar en una procesión de semana santa cada año tiene un significado distinto. Una noche será vanidad, otra orgullo, otro un atisbo de fe, otro tal vez la nada, otro la costumbre, pero… hay un año, oh Dios, en que todo lo entiende; un año que entiende que todos sus esfuerzos y osadías hacen parte del engranaje de la vida para que el poema surja, y cobre su inmensidad.
Para una sahumadura, cada año es, y debe ser un milagro distinto. Un año puede ser revelación, el otro amor infinito, y sin entenderlo mucho y saberlo poco, oh Dios, hay un instante de la noche que una visión salida de la nada la conecta con un extrañamiento sublime, una especie de epifanía que se siente en la fibra más íntima y no se ve. La poesía es eso. Así es la poesía.
La poesía es un asunto personal. Y el que la vive, el que logra encontrarle la clave y entender las magnificencias de sus relámpagos, volverá a ella una y otra vez para encontrar la fe. No sé en qué, ni en qué momento, pero la encuentra.
Las procesiones para  los que no logran vislumbrar su magia de ritual no tiene sentido y pueden inducir a pensar que todo es un acto repetitivo, que no pasa de quimeras y vanidades. Pero cuando se tienen la valentía y la inteligencia para estar allí como se tiene que estar: con el espíritu abierto, en silencio, dispuesto, concentrado en los detalles, y alerta como un guerrero que será investido caballero después de una noche tras otra, se va encontrando la fe, el sentido… y es como si se abrieran las nubes del cielo para dejarlo ver todo, para comprenderlo todo.
No es gratuito que haya tantos enamorados de la luna, como tantos ciudadanos del mundo enamorados de las procesiones de la semana santa de Popayán.




viernes, 15 de septiembre de 2017

LOS SOÑADORES Y LO SOÑADO

POR: 
MARCO ANTONIO VALENCIA


Pertenezco a dos generaciones. La primera es una generación que se creyó el cuento que el principio de las cosas estaba en el soñar y luego en el hacer. A un grupo de personas a la que le vendieron el cuento que quien soñaba tenía garantizada la gloria y el cielo. Y la segunda: una generación de la duda, del hablar mucho y no hacer nada.  
Los primeros teníamos “el secreto” del éxito allí, a voces, en la frente, en el sermón del sacerdote y la cantaleta de la mami, en el tablero de la escuela y los periódicos que leíamos: el secreto de todo está en soñar. Los segundos, los que dicen que eso del soñar, es puro cuento, pura paja.

Para los soñadores, todo es fácil. Cualquiera podría soñar con hacer una revolución en una isla como Cuba y convertirse en su presidente por cincuenta años; soñar con escribir una novela sobre un pueblito llamado Macondo y convertirse en premio Nobel de Literatura; salir niño desde Amagá con los pies descalzos de la pobreza, y terminar siendo presidente de la república.

Los que soñaron y no lograron nada dicen: “los que tuvieron quien les dijera el secreto, y les indicaran el camino y les enseñaran a soñar tuvieron suerte”. Sí, porque no solo se ha tratado de saber qué hay que soñar, sino saber cómo soñar…  y ahí está el meollo del asunto, el problema del asunto, la tragedia del asunto: no todos hemos sabido cómo se sueña, no hemos aprendido a soñar. 
Se divulgó el secreto de soñar, pero no nos han dicho el paso a paso del cómo soñar. Y lo peor, muchos nos quedamos allí, con la boca abierta, mirando el cielo, como sapos tomando el sol, soñando que aparezca un ángel del cielo y nos diga el paso a paso del cómo soñar.

La vida, esa cosa rara que hay entre el tiempo, los pensamientos y el palpitar del corazón, me ha enseñado que cuando uno se atreve a soñar con algo, pues ella, la vida, suelta sus cosas (un regalo, un amorcito, una moto, un televisor de 100 pulgadas, un empleo, etc.). Pero hay otras cosas que por más que uno las sueña nada de nada. Debe ser porque se sueñan con la boca abierta, la mente en blanco y mirando al cielo con ojos de sapo, y así, parece que la vida no da nada.
He soñado con ser presidente de la república, por ejemplo. Con ser millonario (o rico al menos), pero nada. Y cosas así, pero no, nada. Mi amigo Paulino Díaz Muñoz mi dice que sueñe cosas serias y en servir a la gente. Pero yo creo que soñar con poder y con dinero no está mal,  y que el hombre me habla así porque le enseñaron a soñar mal, le dijeron qué soñara y le castraron los sueños. Soñar es gratis, le digo, y si a mí me da la carajada de soñar con ser presidente para terminar como gobernador no tiene nada de malo, y … así, se nos va la vida hablando de qué y cómo soñar y se nos olvida soñar (es aquí donde me dan ganas de decir: par de güevones).

Tengo una amiga, la Tata Duque, que cuando hablamos de eso del soñar me dice que más que metodología lo que se requiere es amarrarse los pantalones. Que cuando uno se dice voy a ser presidente, pues de una, se levanta todos los días a trabajar por ello y las energías del mundo confluyen para que eso que tienes en la mente se haga realidad.

He ido a charlas con gurús, de esos que han logrado su sueño de ser ricos, gracias al poder de sus sueños donde, igualmente, lo que dicen es que para soñar no hay método, que solo hay que tener una idea fija en la cabeza  y ponerse a trabajar por ese sueño a tiempo completo, sin vacaciones, ni descansos, e incluso sin plata o hasta cuando haces el amor.

Como sea, llega navidad, es hora de revisar si los sueños del año que termina se hicieron realidad, o tiempo de comenzar a soñar de nuevo en las vainas que vamos a lograr en el 2017.  Es gratis. Y hasta divertido, se los aseguro.



miércoles, 31 de mayo de 2017

CUENTOS PARA SOFÍA



CUENTOS PARA SOFÍA
DE MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE
EDICIÓN: UNIKIDS DE COLOMBIA
1º EDICIÓN: 
31 DE MAYO DEL 2017

CONTENIDO:



CONTENIDO

POR UNA MUJER, UN MUNDO
(La Iliada, de Homero)


LOTÓFAGOS, CÍCLOPES Y LESTRIGONES
 (La Odisea, de Homero)


LAS HIJAS DE DON RODRIGO 
(El Cid Campeador, autor anónimo)
.

AMADIS Y LAS PRINCESAS 
(Amadís de Gaula, de  García Rodríguez de Montalvo)


MI PROFE ES UN MONSTRUO
 (Frankenstein, de Mary Shelley)

….

sábado, 28 de mayo de 2016

EL JARDÍN DEL RINOCERONTE


LIBRO  VIRTUAL: EL JARDÍN DEL RINOCERONTE

Selección de Adagios, sentencias y apotegmas escritos por el autor caucano Marco Antonio Valencia Calle y publicado en 2011

http://www.ellibrototal.com/ltotal/ficha.jsp?idLibro=6843

sábado, 29 de agosto de 2015

XV FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE CALI 2015



MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

Popayán, 1967



Magíster en Filología Hispánica, Especialista en Pedagogía de la Lectura y la Escritura, Licenciado en Literatura y Lengua Española. Miembro Fundador de la Asociación Caucana de escritores (2000).. 2º Lugar VII Concurso Nacional de Poesía Universitaria “Euclides Jaramillo Arango”. Armenia  2001. Beca Fundación Carolina para estudios en el Instituto de la Lengua Española, Madrid España, con nota final Summa cum Laude. 2005-2006.  2º Puesto II Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda 100 Años”, Temuco Chile. 2004 Premio Nacional de Poesía Carlos Héctor Trejos, Riosucio Caldas, 2004. Premio Nacional “descanse en paz la guerra”, Poesía Sin Banderas, Casa Silva Bogotá,2003. Premio Nacional de Poesía Ciudad de Chiquinquirá. Año 2003.  Premio Departamental de literatura “Caucanízate”. Popayán, 2007. Expresidente del Consejo Nacional de Literatura, 2009-2011. 


POEMAS

El violinista negro

Heredé el nombre, el color de la piel y la música de mi abuelo. Un negro enorme que vino de los genes de un esclavo traído contra su voluntad a Cartagena y escapó robándose a la hija de un príncipe ruso para que los blancos sintieran qué se vive cuando a uno le arrancan del corazón a los seres amados.
Heredé de esta pareja de fugitivos un murmullo de nostalgias por sus castillos perdidos, y de mi padre una música amarga que suelo interpretar con el violín para espantar a los fantasmas, el calor, el tedio.
Esta música es sencilla como la lluvia y va dejando entendimiento y compasión en un hilo de circunstancias que no se pueden contar, sólo escuchar. Todo mi pasado no se puede entender sin los llantos de este violín y las oraciones de las cantaoras para celebrar cada cosa cada día, o sin las mañanas cosechando maíz y las tardes cazando venados al filo de la noche, o sin las noches al borde de un fogón con llamas que se avivan al verbo de las fantasías que narran los abuelos.
Los gemidos de mis negras los acompaño con el violín. Las oraciones de mis mayores las acompaño con mi violín. Las historias de los viejos que narran de dónde venimos las acompaño con el violín. Soy el violinista negro de esta ciudad blanca, el intérprete que lleva todas cicatrices del mundo en la mirada.


Un ataúd para la memoria

Los enviados del cielo me hablan lenguas extrañas. Y como poetas visionarios me señalan los caminos, la música y el cielo, pero no entiendo. ¡No los entiendo!

Esta danza de milagros, de dones y de amor, de paraísos y de cielos no me alcanza para presentir, para ver, ni para entender.
Es como andar entre  los pasillos de un viñedo de alegorías y prodigios, pero todo me es incomprensible… Dios mío, por qué soy tan sordo, tan ciego, tan pequeño.
La feria de la vida está allí, me dicen. Pero no alcanzo a verla, ni a presentirla,  ni a gozarla… y  las emociones de la muerte que se avecinan. Me faltó la luz, me faltó el fuego de Dios ardiendo en el pecho para intentar un poema, el milagro de un poema.
Se me fue la vida girando por las fronteras de izquierda a derecha, con la mano en la bandolera, con el vaso a medio tomar.


Mi corazón de piedra y de silencios

La cena servida, el amor en el plato, la alegría en la mesa, pero nada; el egoísmo no me deja paladear ni entender nada. Todo es madera cruda en el pecho del huésped. Y no entiendo nada y nada del hombre me es comprensible.
Se me desgajan las ideas después del vino palabreando con la luna, pero ningún paisaje me sirve para entender.
Mi corazón de piedra y de silencios está amarrado a la nada. Mi corazón forrado de todos los placeres no conoce los dones, solo las puertas abiertas de la esclavitud y la misericordia del llanto. Pero nada, no entiende de nada.
Soy un huérfano, un niño autista que murió cuando vio morir el amor entre sus padres.


Sacrificio de sacrificios

Que vengan los ángeles o cualquiera que cante, y me diga que me ama. Que vengan los hijos, los amores vividos, y el afecto de los amigos a mirarme el rostro antes que el río de la muerte me pudra del todo, y ya nadie pueda reconocerme.
Qué importancia tiene comentar si al final hubo dolores en la piel o en los huesos, si morí en paz o en guerra con mis propias debilidades, si al final de todo el cielo está abierto como un jardín sin puertas para esta alma furiosa como la mía, y si mis cenizas enviadas a la tierra ni siquiera me esperan.
Que venga la muerte, que venga… desafié una tarde. Y cuando llegó tan sólo le pedí que me dejara mirar el rostro de los amados y escuchar esas canciones de amor que me enseñaron de misterios y de la vida.
Los he visto a todos ustedes en mi memoria. Para eso fui fotógrafo y poeta y me sacrifiqué por todos.
Ahora, que me miran por última vez, espero  que me digan que me aman por última vez.


Las tinieblas susurrantes

Mientras el dolor le corre por las venas en vez de poder mirar la vida por la ventana, y cuando las fuerzas le abandonan justo cuando en la arena de la plaza cae una lluvia de flores y aplausos. Mientras los dueños de la muerte condenan su libertad a vivir entre paredes rojizas, pisos hediondos y tinieblas susurrantes. Mientras no haya tristeza más intensa y aturdidora que la prodigada por los ladridos de los días. Mientras el dolor acumulado sirva de expiación y con los ojos del alma se siga mirando el castillo…
Este poeta que se enamoró tantas veces de la misma mujer, que dejó de ver el sol por dedicarse a envejecer en el regazo de su amada, que no pudo viajar a otros puertos del mundo para poder ser dueño de sus emociones y cuidar un árbol de pino en su jardín, irá recogiendo culpas para su tragedia emocional detrás de barrotes que le hablan.


Todos lo vimos por el noticiero

Hay un drama esta noche. Un drama para alimentar al monstruo de la historia y los riachuelos de sangre que corren por las calles de mi país. Una pareja de hermanos ha muerto fusilada cuando los bandidos intentaron tomarse un cuartel de policía en ese juego eterno que vivimos entre guerrilleros y soldados.
Al momento de su muerte la niña imitó el sonido de la ametralladora como si a cada bala incrustada en su cuerpo fuera necesario pronunciarla. De la boca del chico sólo se escuchó el eco de un madrazo nacido de sus entrañas.
La chica cerró los ojos con fuerza y murió con la frente arrugada y mostrando los dientes. Su hermano, en cambio, se murió con los ojos abiertos mirando al cielo como si estuviera frente a un espejo y en su rostro la mueca de una sonrisa.
Fue una muerte absurda, como todas las muertes de los que viven ajenos al margen de la estupidez o de la iluminación de la guerra.
Los asesinos, con sus destinos marcados por la sal, se fueron a morir a otro lado.
Todos lo vimos por el noticiero.

domingo, 7 de junio de 2015

MEMORIAS DE DUITAMA




POR: Marco Antonio Valencia Calle

El cielo en Duitama es de plomo, la sonrisa de la gente saben a miel y las panaderías tienen delicias insospechadas. La cerveza es casi gratis y la poesía, como la música y la danza brotan por ahí, como la lluvia, detrás de cada instante.
En el Encuentro Internacional de Literatura Lit 2015, que organiza Elizabeth Córdoba en Duitama me encontré con el carismático escritor Jorge Eliecer Pardo, dando a conocer una obra novelística para hacer memoria del dolor de la patria y que hace temblar los cimientos de la historia que nos llevarán a la paz;  a un par de muchachos de raíces invertidas, como los furibundos detectives salvajes de la novela de Bolaño capaces de hablar sin pestañear ni respirar de teorías poéticas, de poemas y poetas por días enteros como si fuera lo más vital de la vida. A un enorme Guillermo Velásquez, tan parecido a una foto de Nietzsche, pero más profundo, genial y sensible  que el mejor de los cuentistas latinoamericanos. A una poeta como Elizabeth, leyendo un bestiario del miedo llamado Páginas Partidas que debió titular “una temporada en el infierno”, así ese título ya estuviera usado, por su dramático canto a la desesperanza.  A una mujer como Denisse, que baila sobre la vida en notas poéticas de un erotismo vibrante, tocando todos los instrumentos de la banda musical sobre las noches de verbena que como una pitonisa, prometió hacerme millonario antes del diluvio. Pero allí también estuvo Winston Morales, un poeta de aires invisibles, de presencia discreta, que rompía los silencios del mundo cuando sacaba poemas de una región de la no existencia en la cual todos habitamos pero nadie conoce.  Un librero autentico, de esos que se lee los libros antes de venderlos, que  se llama Mutus, de esos que celebran el oficio para tener el pretexto de leer, de esos que buscan saciar la vocación primero y luego, si queda alguna moneda piensan en atender las necesidades del estómago. A un poeta como Julio Sierra, que lleva todo el alboroto del Caribe en su presencia y encandila de mar y sol todo a su alrededor con su palabras y cantos.  Y Georgina, la poeta vidente venida de Grecia, que con solo abrazar a un poeta le abre el corazón para leerle sus versos más íntimos. Un poeta como Elkin Jiménez que mira el cielo para clamarle a las musas, mientras la poesía vibra a su lado, como una flor, como un jardín. Un argentino auténtico, que monta un bar llamado Café Baires para empapelarlo con el espíritu de Borges, Cortázar, Mafalda y todos sus héroes vivientes en las tinieblas literarias de su país. Una mujer delicada como Mathilde, que respira versos como flores y que cuando sonríe llena de paz el universo. Y claro los cronopios de Mario Duarte y Oscar Perdomo Gamboa, que saben hacer de la tertulia, y de la amistad, un rito imborrable en las noches frías, donde Líder manda, donde la palabra reina.
Y como el tiempo no se estira más allá de las horas, el encuentro se acabó, pero los amigos quedamos en línea, para continuar las tertulias, compartir los poemas, leer las novelas.