sábado, 28 de mayo de 2016

EL JARDÍN DEL RINOCERONTE


LIBRO  VIRTUAL: EL JARDÍN DEL RINOCERONTE

Selección de Adagios, sentencias y apotegmas escritos por el autor caucano Marco Antonio Valencia Calle y publicado en 2011

http://www.ellibrototal.com/ltotal/ficha.jsp?idLibro=6843

sábado, 29 de agosto de 2015

XV FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE CALI 2015



MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

Popayán, 1967



Magíster en Filología Hispánica, Especialista en Pedagogía de la Lectura y la Escritura, Licenciado en Literatura y Lengua Española. Miembro Fundador de la Asociación Caucana de escritores (2000).. 2º Lugar VII Concurso Nacional de Poesía Universitaria “Euclides Jaramillo Arango”. Armenia  2001. Beca Fundación Carolina para estudios en el Instituto de la Lengua Española, Madrid España, con nota final Summa cum Laude. 2005-2006.  2º Puesto II Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda 100 Años”, Temuco Chile. 2004 Premio Nacional de Poesía Carlos Héctor Trejos, Riosucio Caldas, 2004. Premio Nacional “descanse en paz la guerra”, Poesía Sin Banderas, Casa Silva Bogotá,2003. Premio Nacional de Poesía Ciudad de Chiquinquirá. Año 2003.  Premio Departamental de literatura “Caucanízate”. Popayán, 2007. Expresidente del Consejo Nacional de Literatura, 2009-2011. 


POEMAS

El violinista negro

Heredé el nombre, el color de la piel y la música de mi abuelo. Un negro enorme que vino de los genes de un esclavo traído contra su voluntad a Cartagena y escapó robándose a la hija de un príncipe ruso para que los blancos sintieran qué se vive cuando a uno le arrancan del corazón a los seres amados.
Heredé de esta pareja de fugitivos un murmullo de nostalgias por sus castillos perdidos, y de mi padre una música amarga que suelo interpretar con el violín para espantar a los fantasmas, el calor, el tedio.
Esta música es sencilla como la lluvia y va dejando entendimiento y compasión en un hilo de circunstancias que no se pueden contar, sólo escuchar. Todo mi pasado no se puede entender sin los llantos de este violín y las oraciones de las cantaoras para celebrar cada cosa cada día, o sin las mañanas cosechando maíz y las tardes cazando venados al filo de la noche, o sin las noches al borde de un fogón con llamas que se avivan al verbo de las fantasías que narran los abuelos.
Los gemidos de mis negras los acompaño con el violín. Las oraciones de mis mayores las acompaño con mi violín. Las historias de los viejos que narran de dónde venimos las acompaño con el violín. Soy el violinista negro de esta ciudad blanca, el intérprete que lleva todas cicatrices del mundo en la mirada.


Un ataúd para la memoria

Los enviados del cielo me hablan lenguas extrañas. Y como poetas visionarios me señalan los caminos, la música y el cielo, pero no entiendo. ¡No los entiendo!

Esta danza de milagros, de dones y de amor, de paraísos y de cielos no me alcanza para presentir, para ver, ni para entender.
Es como andar entre  los pasillos de un viñedo de alegorías y prodigios, pero todo me es incomprensible… Dios mío, por qué soy tan sordo, tan ciego, tan pequeño.
La feria de la vida está allí, me dicen. Pero no alcanzo a verla, ni a presentirla,  ni a gozarla… y  las emociones de la muerte que se avecinan. Me faltó la luz, me faltó el fuego de Dios ardiendo en el pecho para intentar un poema, el milagro de un poema.
Se me fue la vida girando por las fronteras de izquierda a derecha, con la mano en la bandolera, con el vaso a medio tomar.


Mi corazón de piedra y de silencios

La cena servida, el amor en el plato, la alegría en la mesa, pero nada; el egoísmo no me deja paladear ni entender nada. Todo es madera cruda en el pecho del huésped. Y no entiendo nada y nada del hombre me es comprensible.
Se me desgajan las ideas después del vino palabreando con la luna, pero ningún paisaje me sirve para entender.
Mi corazón de piedra y de silencios está amarrado a la nada. Mi corazón forrado de todos los placeres no conoce los dones, solo las puertas abiertas de la esclavitud y la misericordia del llanto. Pero nada, no entiende de nada.
Soy un huérfano, un niño autista que murió cuando vio morir el amor entre sus padres.


Sacrificio de sacrificios

Que vengan los ángeles o cualquiera que cante, y me diga que me ama. Que vengan los hijos, los amores vividos, y el afecto de los amigos a mirarme el rostro antes que el río de la muerte me pudra del todo, y ya nadie pueda reconocerme.
Qué importancia tiene comentar si al final hubo dolores en la piel o en los huesos, si morí en paz o en guerra con mis propias debilidades, si al final de todo el cielo está abierto como un jardín sin puertas para esta alma furiosa como la mía, y si mis cenizas enviadas a la tierra ni siquiera me esperan.
Que venga la muerte, que venga… desafié una tarde. Y cuando llegó tan sólo le pedí que me dejara mirar el rostro de los amados y escuchar esas canciones de amor que me enseñaron de misterios y de la vida.
Los he visto a todos ustedes en mi memoria. Para eso fui fotógrafo y poeta y me sacrifiqué por todos.
Ahora, que me miran por última vez, espero  que me digan que me aman por última vez.


Las tinieblas susurrantes

Mientras el dolor le corre por las venas en vez de poder mirar la vida por la ventana, y cuando las fuerzas le abandonan justo cuando en la arena de la plaza cae una lluvia de flores y aplausos. Mientras los dueños de la muerte condenan su libertad a vivir entre paredes rojizas, pisos hediondos y tinieblas susurrantes. Mientras no haya tristeza más intensa y aturdidora que la prodigada por los ladridos de los días. Mientras el dolor acumulado sirva de expiación y con los ojos del alma se siga mirando el castillo…
Este poeta que se enamoró tantas veces de la misma mujer, que dejó de ver el sol por dedicarse a envejecer en el regazo de su amada, que no pudo viajar a otros puertos del mundo para poder ser dueño de sus emociones y cuidar un árbol de pino en su jardín, irá recogiendo culpas para su tragedia emocional detrás de barrotes que le hablan.


Todos lo vimos por el noticiero

Hay un drama esta noche. Un drama para alimentar al monstruo de la historia y los riachuelos de sangre que corren por las calles de mi país. Una pareja de hermanos ha muerto fusilada cuando los bandidos intentaron tomarse un cuartel de policía en ese juego eterno que vivimos entre guerrilleros y soldados.
Al momento de su muerte la niña imitó el sonido de la ametralladora como si a cada bala incrustada en su cuerpo fuera necesario pronunciarla. De la boca del chico sólo se escuchó el eco de un madrazo nacido de sus entrañas.
La chica cerró los ojos con fuerza y murió con la frente arrugada y mostrando los dientes. Su hermano, en cambio, se murió con los ojos abiertos mirando al cielo como si estuviera frente a un espejo y en su rostro la mueca de una sonrisa.
Fue una muerte absurda, como todas las muertes de los que viven ajenos al margen de la estupidez o de la iluminación de la guerra.
Los asesinos, con sus destinos marcados por la sal, se fueron a morir a otro lado.
Todos lo vimos por el noticiero.

domingo, 7 de junio de 2015

MEMORIAS DE DUITAMA




POR: Marco Antonio Valencia Calle

El cielo en Duitama es de plomo, la sonrisa de la gente saben a miel y las panaderías tienen delicias insospechadas. La cerveza es casi gratis y la poesía, como la música y la danza brotan por ahí, como la lluvia, detrás de cada instante.
En el Encuentro Internacional de Literatura Lit 2015, que organiza Elizabeth Córdoba en Duitama me encontré con el carismático escritor Jorge Eliecer Pardo, dando a conocer una obra novelística para hacer memoria del dolor de la patria y que hace temblar los cimientos de la historia que nos llevarán a la paz;  a un par de muchachos de raíces invertidas, como los furibundos detectives salvajes de la novela de Bolaño capaces de hablar sin pestañear ni respirar de teorías poéticas, de poemas y poetas por días enteros como si fuera lo más vital de la vida. A un enorme Guillermo Velásquez, tan parecido a una foto de Nietzsche, pero más profundo, genial y sensible  que el mejor de los cuentistas latinoamericanos. A una poeta como Elizabeth, leyendo un bestiario del miedo llamado Páginas Partidas que debió titular “una temporada en el infierno”, así ese título ya estuviera usado, por su dramático canto a la desesperanza.  A una mujer como Denisse, que baila sobre la vida en notas poéticas de un erotismo vibrante, tocando todos los instrumentos de la banda musical sobre las noches de verbena que como una pitonisa, prometió hacerme millonario antes del diluvio. Pero allí también estuvo Winston Morales, un poeta de aires invisibles, de presencia discreta, que rompía los silencios del mundo cuando sacaba poemas de una región de la no existencia en la cual todos habitamos pero nadie conoce.  Un librero autentico, de esos que se lee los libros antes de venderlos, que  se llama Mutus, de esos que celebran el oficio para tener el pretexto de leer, de esos que buscan saciar la vocación primero y luego, si queda alguna moneda piensan en atender las necesidades del estómago. A un poeta como Julio Sierra, que lleva todo el alboroto del Caribe en su presencia y encandila de mar y sol todo a su alrededor con su palabras y cantos.  Y Georgina, la poeta vidente venida de Grecia, que con solo abrazar a un poeta le abre el corazón para leerle sus versos más íntimos. Un poeta como Elkin Jiménez que mira el cielo para clamarle a las musas, mientras la poesía vibra a su lado, como una flor, como un jardín. Un argentino auténtico, que monta un bar llamado Café Baires para empapelarlo con el espíritu de Borges, Cortázar, Mafalda y todos sus héroes vivientes en las tinieblas literarias de su país. Una mujer delicada como Mathilde, que respira versos como flores y que cuando sonríe llena de paz el universo. Y claro los cronopios de Mario Duarte y Oscar Perdomo Gamboa, que saben hacer de la tertulia, y de la amistad, un rito imborrable en las noches frías, donde Líder manda, donde la palabra reina.
Y como el tiempo no se estira más allá de las horas, el encuentro se acabó, pero los amigos quedamos en línea, para continuar las tertulias, compartir los poemas, leer las novelas.

lunes, 25 de mayo de 2015

Las leyendas de Popayán de Valencia Calle

http://www.elpueblo.com.co/elnuevoliberal/las-leyendas-de-popayan-de-valencia-calle/

guillermo alberto gonzalez.jpg webGUILLERMO ALBERTO GONZALEZ MOSQUERA
guialgon@yahoo.com
“En Popayán todo lo irreal y asombroso es verosímil”. Con esta frase rotunda se despacha el escritor y poeta Marco Antonio Valencia Calle en la presentación de su libro ‘Leyendas Extraordinarias de Popayán’ que acaba de publicar como prolegómeno de la Semana Santa de este año. La idea de recoger en un solo volumen una serie de pasajes que desde muy atrás ruedan sobre la vida de esta tierra es acertada y oportuna. Los que aquí nacimos y nos hemos criado, también hemos escuchado historias –unas fantásticas y otras reales- que le dan fisonomía a un poblado que las adopta unas veces para encarar su pasado y adornarlo, y otras para reafirmar identidad –como se dice ahora- buscando que de alguna manera sostengamos nuestra propia razón de ser. Hay ciudades en mundo que han tomado muy en serio estas cosas, y hasta han llegado a convertirlas en motivo para que se las admire y reconozca en los anales de la literatura universal. Tal el caso de Edimburgo en Inglaterra o Dublin en Irlanda, que organizan visitas para los turistas, que quieran profundizar en un tema que siempre tendrá adeptos, porque la naturaleza humana disfruta de lo inverosímil o de lo que trae misterios que aún no se descifran.
Las historias de Valencia Calle –muy bien escritas por cierto– provienen unas de la repetición popular a través de los años, y otras de la propia imaginación del autor que las evoca con deleite de payanés y de agudo novelista. No están, por supuesto, todas las que son y habrá que apoyarlo en la continuación de su entrañable tarea que es deleitosa y atrayente. Las más conocidas como la Corona de los Andes o la Tumba del Quijote “bajo un roble de añosa virtud”, son relatos de prestigio que encajan en el carácter suntuoso o académico de Popayán y la última, aún está en desarrollo. Habrá que esperar el desenlace.
Faltaba más que este poblado andino no tuviera su propio contenido fantasmal. Se trata de espantos propios que la modernización -yo diría que la racionalización más bien- no logra destruir y que todos debemos estar en guardia para impedirlo. Es la contribución de Valencia Calle que debe resaltarse y apreciarse. Él se encarga de aclarar que la “leyenda es una narración de hechos naturales, sobrenaturales o mezclados, que se transmite de generación en generación en forma oral o escrita, situando el relato entre el cuento y el suceso verídico”. Con este marco, el lector debe acercarse a este libro, que se lee con deleite de una sola sentada y que entra a la literatura local para despertar la imaginación y servir a que continúe una tradición indoamericana que no tiene fin.

martes, 24 de marzo de 2015

RESEÑA LEYENDAS EXTRAORDINARIAS DE POPAYÁN


http://periodicovirtual.com/popayan/3010-leyendas-extraordinarias-de-popayan

Leyendas extraordinarias de Popayán


leyendasNo son pocos los libros que sobre leyendas en Colombia se han publicado, empezando por un clásico como el de Guillermo Abadía, el de Joaquín Piñeros Corpas, Iván Salazar Duque o Javier Ocampo López para citar algunos, pero últimamente han aparecido los de Flor Romero, José Luis Díaz Granados y otras antologías que ofrecen un rico mapa de la Colombia diversa. Respecto a las regiones se han propagado entre otros departamentos en Nariño, Boyacá y el Tolima, en particular los de Blanca Álvarez de Parra, Edgar Artunduaga, Cesáreo Rocha Castilla y Margarita Enciso de Rangel. La difusión ha estado enfocada para niños en cartillas y académicamente existen estudios valiosos desde las que sobrevivieron del mágico mundo de los indígenas, sobre todo la leyenda de Yurupari.  Muchas se repiten de una región a otra variando en algunas cosas y contadas de acuerdo a las generaciones de otra manera, mostrando así la natural evolución y su sobrevivencia. Siempre resultan atractivos y cada vez se amplía el patrimonio de información y el recreo maravilloso por sus pasajes que ofrecen lo sugestivo y misterioso en el encanto a lugares determinados del país.
 
Ahora acaba de salir Leyendas extraordinarias de Popayán bajo la ya conocida pluma del escritor caucano Marco Antonio Valencia Calle, novelista y autor de libros infantiles, pedagogo y columnista de prensa e inclusive titulado en derecho. Su trabajo literario no ha sido indiferente ante la opinión del país cultural y ahí están como prueba fehaciente disímiles reconocimientos nacionales prestigiosos en el campo poético. Inclusive se trata de un dirigente cultural, docente universitario y de bachillerato y tutor de programas desde el Ministerio de Cultura.
El texto de Valencia Calle desentierra fantasmas y espantos que existen en el imaginario colectivo y le otorgan otra atracción específica a la ciudad ya legendaria. Lo sobresaliente del volumen es cómo enfoca etapas del desarrollo de la historia en forma paralela a los grandes acontecimientos y ante todo por la categoría de insólitos e increíbles como si se tratara de literatura fantástica. Gracias al talento escritural del autor, a la forma en que organiza sus materiales y al estilo de crónica que parece volverlos realidad de a puño, se tropieza uno con las maravillas prodigiosas e inesperadas sobre la muerte y entierro del Quijote en Popayán, el asombroso relato sobre el caballo del conquistador Sebastián de Belalcázar, hechiceras de amor al estilo de la ñapanga Catalina y el fantasma de Juana Pantoja, para ir en este paseo embrujado hasta el morro de Tulcán, los misterios de las custodias de Popayán o las chirimías y el diablo por las calles de la misma ciudad. Qué no decir de la historia de la corona de los Andes, la cruz de Belén y las maldiciones a la señorial capital del Cauca e inclusive la existencia de momias en la iglesia de San Francisco, para cerrar con broche de oro con la vivencia de Judas en la ciudad blanca.
 
Estamos frente a un libro delicioso y divertido donde nos atrae el curso de la imaginación desbordada y a veces con exageración por mitificar un lugar, metafóricamente, claro está, al estilo de Camilo Pérez que sostiene que en Ibagué fue la ciudad donde Dios escribió un bambuco.
 

Leyendas extraordinarias de Popayán
De Marco Antonio Valencia Calle
Carlos Orlando Pardo

UN LIBRO PARA CONOCER A POPYÁN

http://www.elpueblo.com.co/elnuevoliberal/el-nuevo-liberal-apoya-lanzamiento-del-libro-de-marco-antonio-valencia/

El Nuevo Liberal apoya lanzamiento del libro de Marco Antonio Valencia

CARATULA LEYENDAS EXTRAORDINARIAS DE  POPAYAN_ADELANTE-01  - copiamarco valencia (2).jpg webEl escritor MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE, presentará el libro ‘LEYENDAS EXTRAORDINARIAS DE POPAYÁN’, de la editorial SIC, en el marco de la celebración de los 77 años del periódico de EL NUEVO LIBERAL, este viernes 20 de marzo a las 5:00pm, en el teatro Guillermo Valencia de la capital caucana, evento al cual se invita a los interesados, con entrada gratuita. Valencia Calle, es egresado de la Universidad del Cauca con un postgrado en España en filología hispánica. Autor de varios libros entre los que se destacan el Profesor Espantapájaros y La Noche del Trapecista, editorial Popayán Positiva 2010 (compilación de columnas de prensa publicadas en El Liberal durante 10 años).
El autor considerado el columnista más leído en los dos últimos años en los medios de prensa del departamento del Cauca por la empresa Cifras y Conceptos de Bogotá, es columnista de nuestro diario desde 1989.
‘Leyendas Extraordinarias de Popayán’, reúne 14 historias, con ilustraciones de Rodrigo Valencia Quijano, del imaginario colectivo de la ciudad blanca, entre las que se cuentan ‘Muerte y entierro del Quijote en Popayán’, ‘El caballo de Sebastián de Belalcázar’, ‘La Cruz de Belén y las maldiciones a Popayán’, ‘Judas en la ciudad blanca’, entre otras.

!LAS LEYENDAS DE MARCO ANTONIO!


Alvaro GRijalba G.webÁLVARO GRIJALBA GÓMEZ
agrigo@hotmail.com
Cuando abrí el libro “Leyendas Extraordinarias de Popayán”, del sorprendente poeta y escritor payanés Marco Antonio Valencia Calle, intuí de inmediato la dimensión de lo escrito en su nueva creación literaria, con la que perspicazmente logra construir fantasmagorías seductoras, enmarcadas dentro de finas y exquisitas alegorías ficcionarias, que cautivan y envuelven la mente del lector hasta el final de su obra.
Marco Antonio Valencia, con sus leyendas payanesas, nos transporta al encuentro maravilloso con el pasado de esa Popayán cargada de añoranzas y recuerdos, que aún fantasea con el mito y la creencia que las niguas patojas, inyectaron a Cervantes la chispa que lo llevó en su alucinación a crear el hidalgo don Quijote de la Mancha, y que los restos de éste, reposan bajo la Torre del Reloj, o que el espectro de Oscar Wilde en compañía del maestro Valencia, su hijo Alvaro Pio y el mismo Quijote, pasean por los corredores y jardines de la hermosa casona del Museo Valencia, discutiendo de poesía y política.
De inmediato sentí igualmente en mis retinas, el atrayente impacto de las plumillas del Maestro Rodrigo Valencia Quijano, -de los Valencias y Quijanos de leyendas e historias también-, quien con la genialidad y fantasía pictórica de sus extraordinarias grafías ilustrativas, nos revela el contenido de cada leyenda del libro, plasmando y resumiendo en ellas las quimeras fantasiosas de los relatos del autor.
Marco Antonio, recrea con la fluidez y naturalidad propia de su exquisita narrativa, todas y cada una de las páginas del libro, contando hechos parabólicos ocurridos en épocas y lugares de esta hermosa Villa pubenence, que nos trasladan, entre el mito de lo increíble y los rasgos de una relativa realidad, a esos mismos tiempos y espacios que arman sus leyendas.
En alguna de sus fábulas el autor intencionalmente esconde la verdad, para no herir susceptibilidades de personajes que fueron o son reales, sin que ello implique perder la intencionalidad para que permanezcan insinuados en la memoria histórica de la ciudad, como hechos ciertos de ocurrencia, generosamente cubiertos con el velo de la prudencia del escritor, caso del capítulo de “La fabulosa historia de la Corona de los Andes”.
Las historias ficticias que rodean el libro, como la de Babieca el Caballo del Cid Campeador, que termina sepultado bajo la estatua de Sebastián de Belalcázar, esculpida por el artista español Victorio Macho en el Morro de Tulcán, o la de Catalina la sobrina del conquistador y fundador de la ciudad, que fue sorprendida por su marido en la cama con un poeta y ambos terminaron apuñalados por éste, o las de la “Juana Raquel” meretriz samaritana que acompañó a los ejércitos libertadores, sepultada en la Loma de Cartagena que deambula por las calles en la noche, son jácaras labradas con el cincel de la inmensa capacidad creadora del autor.
Marco Antonio Valencia Calle, posee una predisposición natural para escribir, que es inherente a su fisonomía de literato y poeta de amplia proyección, que demuestra su ingente virtualidad y talento para deleitar historias o investigar en las tradiciones y encontrar temas para convertirlos en leyendas y contarlas como lo hace en su obra.
Es un devorador de libros, un ávido lector y un dedicado investigador que busca en la tradición oral el material necesario para poner a funcionar su ágil imaginación literaria y escribir obras que como ésta y otras publicadas, le han valido el reconocimiento nacional e internacional como escritor y poeta, o le sirve para digitar ahora sus habituales columnas en los diversos medios de comunicación.
Marco Antonio Valencia, haciendo honor a su segundo apellido, calle abajo y calle arriba, recorre y repasa la historia payanesa, relee sus memorias, capta, comprime, resume y edita logrando maravillosos resultados literarios que deleitan la imaginación y el espíritu de la literatura colombiana.
La enhorabuena al distinguido, querido y apreciado escritor payanés por sus “Leyendas Extraordinarias de Popayán”, el libro recomendado, sin límites de tiempo. Aplausos!

martes, 10 de marzo de 2015

http://www.elpueblo.com.co/elnuevoliberal/leyendas-extraordinarias-de-popayan/

Leyendas Extraordinarias de Popayán


Maritza Zabala Rodríguez.jpg WEBMARITZA ZABALA RODRÍGUEZ
@mazarito1
mazarito@gmail.com
La tradición oral en Popayán y en cualquier parte del mundo juega un rol activo en los procesos de concientización y apropiación de nuestra identidad y memoria colectiva; y nadie puede negar que pese a los avances tecnológicos, el reconocimiento y la difusión de la tradición oral siguen siendo todavía el mejor canal para tejer nuestra propia historia.
Para ejemplarizar lo dicho, voy a permitirme tomar como referente el libro Leyendas Extraordinarias de Popayán, de Marco Antonio Valencia Calle, que esta vez usa como insumo principal de su obra, elementos históricos conjugados con la tradición oral para promover el sentido de pertenencia y exaltar la trayectoria de una ciudad, que tiene en sus narrativas históricas y biográficas sus herencias más valiosas.
Rescatar leyendas de una urbe colonial que subsiste con su patrimonio material e inmaterial de 478 años, acrecienta su reputación universal y reconocimiento cultural como ciudad vieja pero moderna, y es en esa vía que Popayán necesita renovar algunos o varios elementos de su discurso, su paisaje, su simbología, e incluso de su puesta en escena, si desea seguir siendo un polo turístico, cultural e histórico en el siglo XXI.
Para escribir sobre el tema le pregunté a varias personas que ya leyeron el libro, su opinión en cuestión y todos manifestaron su sorpresa por las historias allí encontradas, pues pese a que el libro narra eventos ya conocidos desde la oralidad o que han sido dados a conocer por la prensa, Marco Antonio fabula y cuenta desde su visión de poeta un mundo tan cercano como extraño, con historias únicas y muy propias de Popayán que nadie había leído de manera tan particular. Lo anterior, además de ser una cadena de aciertos, es vital para un autor contemporáneo, pues en este mundo de velocidades y nuevas tecnologías, la historia se entiende, en atención a quien la dice y como se dice.
En esta línea, Leyendas Extraordinarias de Popayán, es un libro que aporta y hace un llamado a los creativos de todos los géneros para revalorar la ciudad con el lenguaje adecuado para el siglo que vivimos y desde las historias cotidianas en aras de mostrarnos una ciudad vivible para todos, una ciudad puerto donde ha llegado mucha gente para habitarla y hacerla suya.
Los cuentos, mitos y leyendas hacen parte de nuestras expresiones culturales más preciadas porque están soportadas en las palabras de nuestros antepasados, y somos una sociedad oral por excelencia. Y está claro que a través de las leyendas se moviliza la cultura en la medida que desde allí se hace público aquellos elementos históricos ocultos que en muchas ocasiones se quedan en el anonimato.
Y si la sociedad y las instituciones buscan elementos o referentes comunes para generar sentido de pertenencia, generar sentimientos de amor por la ciudad y detonar el orgullo del patojo, con este libro encontramos un gran aporte cultural para lograrlo, pues Popayán considero, ha sido explotada en muchos sentidos, pero no del todo desde la literatura, un instrumento cultural tan cercano a los sentimientos y emociones del ser humano.
Otro aspecto que me llamo la atención de las Leyendas Extraordinarias de Popayán, es que casi siempre cuando se busca bibliografía sobre la Ciudad Blanca, se encuentra uno que quienes se han ocupado de tan altruista tarea lo han hecho desde dos orillas comunes: por un lado los análisis académicos con escritos propios de las monografías universitarias con estudios lingüísticos, antropológicos o históricos, y por otro, los libros publicados por las élites letradas que socializan historias cotidianas de Popayán en pequeños manuales descriptivos y guías de turismo, pero muy poco desde la narrativa.
Lo anterior se podría explicar diciendo que las dinámicas de comunicación de la ciudad blanca de Colombia todavía son propias a las de una ciudad intermedia donde priman lógicas rurales que se soportan en el voz a voz, y que si bien es cierto que se publican libros de autores locales, pocos se han atrevido a usar la ciudad como corpus para sus trabajos literarios, y allí está el gran aporte creativo del autor.
Finalizo diciendo que me resultó de gran interés leer, releer y saborear la reciente obra de Marco Antonio Valencia, pues al rescatar de la oralidad asuntos tan cotidianos como históricos, veo un libro con temas polinizadores para la educación, la cultura y el turismo, que le brindan a la sociedad payanesa, nuevos elementos para fortalecer su identidad.